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TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN
Collage de flashbacks en torno a la relación destructiva entre madre e hijo, Tenemos que hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin, 2011) es una producción inglesa dirigida por la escocesa Lynne Ramsay pero ambientada en Estados Unidos, de acuerdo a la trama de la novela de Lionel Shriver publicada en 2003.
Eva Katchadourian (Tilda Swinton) vive despreciada por todos, acostumbrada a agachar la cabeza y a limpiar la covacha donde vive, siempre manchada de rojo, cortesía de cuantos la odian. De manera fragmentada la realizadora nos va enterando del por qué del ahogo existencial en el cual Eva está inmersa. Su hijo Kevin (Ezra Miller) es el autor de una masacre en su escuela, pero el infierno de la mujer no se debe tanto a ese suceso, sino que es resultado de una vida de constante confrontación con el adolescente desde pequeño, cuando ni siquiera soportaba su llanto.
Acostumbrada a viajar por el mundo, se siente constreñida por Kevin (Rock Duer y Jasper Newell intepretándolo en diferentes edades), quien desde la infancia percibe la abúlica conducta de su madre y actúa en consecuencia, desde un casi autismo hasta una pasmosa conducta pasivo-agresiva propia de un psicópata en potencia. Un arriesgado ejercicio estético-narrativo que relata la anécdota a través de momentos de opresiva desesperanza y pesadillescos guiños al inconsciente.



