Biopic, la apuesta segura

Todo actor que quiera un Oscar, sabe que la mejor manera de lograrlo es realizar una biopic. Aquí, un recuento de algunas de las más exitosas biografías llevadas a la pantalla y “oscarizadas” en tiempos recientes.

  • 2012-01-22 | Milenio semanal
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Arriba: Philip Seymour, Johnny Depp y Sean Penn en su caracterización de Truman Capote (abajo), Ed Wood y Harvey Milk.
Arriba: Philip Seymour, Johnny Depp y Sean Penn en su caracterización de Truman Capote (abajo), Ed Wood y Harvey Milk.

Usted lo sabe: si es un actor de Hollywood y quiere ganar un Oscar, lo que tiene que hacer es una película en la que encarne a un personaje famoso de la vida real —hay puntos extra si es alguien con impedimentos o si es un personaje de la música—, que tenga un episodio dramático en su vida: adicción a los estupefacientes, violencia doméstica, poliamor, etcétera. No falla. A la Academia el sentido común le sale disparado por la ventana, y cuando el retrato es lo suficientemente realista, la estatuilla ya está prácticamente en manos del intérprete. ¿No lo cree? Vea los casos de actores y actrices más bien limitaditos, como Jamie Foxx o Marion Cotillard, que se hicieron de prestigio y celebridad, el primero como Ray Charles y la segunda como Edith Piaf (y en el caso de Cotillard, de fama internacional, aunque sólo es capaz de interpretar bellísimas variaciones de sí misma). Este año, Meryl Streep podría obtener su tercer Oscar por su interpretación en La dama de hierro, acerca de la polémica y poco querida Margaret Thatcher, quien fuera Primera Ministra de Reino Unido. Y aunque sería poco halagador que ganase por interpretar a un personaje tan nefando, es una gran posibilidad. Aquí recordamos algunas actuaciones en biopics que fueron reconocidas por el público y la crítica o premiadas por la Academia.

Toro Salvaje (1980)

Legendaria cinta de Martin Scorsese, en la que Robert de Niro literalmente se convierte en el boxeador Jake LaMotta, describe su llegada a la cima y su estrepitosa caída. Realizada en blanco y negro y con una urgencia casi documental, esta película es uno de los trabajos más formidables del cineasta neoyorquino. Si bien no logró el Oscar a la mejor película —ese privilegio fue para Gente como uno, debut de Robert Redford—, se llevó un Oscar para Bobby (el segundo) y se ganó un lugar como una de las mejores biopics de la historia.

<i>Toro Salvaje</i>, de Martin Scorsese.
Toro Salvaje, de Martin Scorsese.

La hija del minero (1980)

Sissy Spacek no ganó un Oscar por su creación de Carrie White, la adolescente atormentada que se desquita de un pueblo entero en la cinta de Brian de Palma Carrie, sobre la novela de Stephen King. Sin embargo, bajo la dirección de Michael Apted sí consiguió una estatuilla al convertirse, literalmente, en la célebre Loretta Lynn, diva del country cuya vida fue un drama. Spacek no sólo cantó sus propias versiones de las canciones, sino que lució fabulosas pelucas que se merecían el premio tanto como ella.

Ed Wood (1994)

¿Se acuerdan cuando Tim Burton hacía buenas películas con Johnny Depp? ¿Sí? Ésta probablemente es la mejor, anterior a la época en que se volvieron esclavos de Mr. Dollar y de sus hordas de fans (así, en plural). Aquí Burton rinde homenaje a Edward Davis Wood Jr., considerado el peor cineasta del mundo, objeto de culto, travesti perdido, iconoclasta pendenciero, rockero, insurgente moderno, complaciente, poeta y alucinado (entre otras cosas). Martin Landau brilló haciéndola de Bela Lugosi y ganó un Oscar por su brillante trabajo. De todas las biopics hechas antes de que fueran un cínico requisito para ganar estatuilla, esta es una de las más notables y emotivamente ricas. Lástima que Burton & Depp ya no sepan hacer cosas así.

Capote (2005)

Hubiera sido muy fácil hacer un estereotipo de una película acerca de Truman Capote —vamos, el propio Capote sabía que era un estereotipo andante—, y Philip Seymour Hoffman lo sabía, así que se lo tomó muy en serio al transformarse en el autor de Desayuno en Tiffany’s justo cuando escribía su obra maestra: A sangre fría. El trabajo de Seymour Hoffman es logradísimo (y los trucos de cámara le ayudan: mide 1.80 donde Capote era 25 centímetros más bajo) hasta en la voz. Este Oscar estaba cantado, aunque muchos opinan que el Capote de Toby Jones en Infamous es incluso mejor.

Ray (2004)

Jamie Foxx era la opción menos ortodoxa para encarnar a Ray Charles en la biopic acerca del legendario prodigio invidente del piano. Foxx sólo había hecho comedia y rapeado, pero Taylor Hackford creyó en él y le sacó la única interpretación realmente buena que ha tenido en su carrera (ni Michael Mann ha podido hacerlo actuar), con matices y sentimiento (aparte de hacerlo tocar el piano a ciegas). Después del Oscar, Foxx se volvió perezoso y no ha vuelto a hacer nada interesante.

Mi nombre es Harvey Milk (2008)

Sean Penn —siempre intenso— obtuvo su segundo Oscar por su relajada, matizada y hasta entrañable encarnación de Harvey Milk, el activista gay que obtuvo un puesto de elección popular en San Francisco y que fue asesinado en su oficina, en un caso que fue un escándalo y un momento clave para los derechos igualitarios. Dirigida por Gus Van Sant, que había andado deambulando por los cañones del cinema independiente, la cinta es preciosa... excepto por un detalle: la atroz aparición de Diego Luna como la pareja de Milk. Una cosa es hacer de una loca estridente (presuntamente así era el personaje) y otra hacer de una loca estridente muy fingida para que la gente no se olvide de que no eres gay, por lo que Diego hace un ridículo insufrible.

La Reina (2006)

El triunfo en los Oscares de Helen Mirren estaba más cantado que el “Cielito lindo” luego de su preciosista retrato de Isabel II en el filme de Stephen Frears, que especula sobre la vida de la soberana en los días posteriores a la repentina y engorrosa muerte de su ex nuera, “la plebeya ésa”, que nunca debió casarse con Carlos y que acabó convertida en una santa mártir gracias a la prensa rosa. No que Dame Helen no se lo mereciera y no que su trabajo no fuera impecable, pero ese año acabó por opacar a todas... Y no ha vuelto a encontrar un rol a la altura de sus muchos merecimientos.

La vida en rosa (2007)

Odiosa cinta seudobiográfica sobre la vida de Edith Piaf cuando era sólo una chamaca que se ganaba la vida cantando en la calle. Llena de mentiras y medias verdades, la película es condescendiente y chafa. No obstante, cuenta con una actuación muy cuidada de la Cotillard en el rol central, y además (según se dijo) ella misma canta a Piaf en vez de hacer fonomímica (que es el procedimiento habitual), lo que le valió que le arrebatara de las manos la estatuilla a la celestial Julie Christie, quien merecía el Oscar por su trabajo en Lejos de ella.

Miguel Cane