El chachachá, vivito y coleando

El ritmo cubano sigue vigente en las pistas de baile de hoy; tan sólo hay que ver cómo se aglomeran las parejas cuando retumban en el entarimado “Los marcianos”, “El bodeguero” o “Las clases del chachachá”.

  • 2012-01-22 | Milenio semanal
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Foto: Especial

Tuve la suerte de estar en La Habana, Cuba, para grabar unos programas dedicados a los ritmos musicales más excitantes surgidos allá, entre ellos el fabuloso chachachá. Llegué a la céntrica esquina que forman las calles de Prado y de Neptuno, muy cerca del colorido malecón, donde se detonó la inspiración que produjo el primer chachachá de la historia: “La engañadora”, del violinista cubano Enrique Jorrín. Ese éxito pionero del cadencioso chachachá ha cumplido los 60 años de existencia, ya que Jorrín lo escribió a finales de 1951 y se popularizó a principios del año siguiente.

“La engañadora” fue dedicado a una muchacha que era objeto de la admiración de todos los hombres, pues era delgadita pero ostentaba un voluminoso trasero, moda artificial muy usual en los años cincuenta. Una tarde Jorrín la vio pasar por la esquina de Prado y Neptuno y se preguntó: “¿Será una engañadora? ¿Usará postizos?”. Eso le llevó a escribir la legendaria letra que dice: “Se ha sabido que en sus formas rellenos tan sólo hay, qué bobas son las mujeres que nos tratan de engañar”. Desde ahí se definió una característica básica de las letras del chachachá: son pícaras, alegres y vaciladoras.

Debemos anotar que el chachachá fue prácticamente contemporáneo al surgimiento del rock and roll, y ocupó un sitio muy importante entre la juventud de entonces. Y así como el buen viejo rock de los cincuenta sigue gustando, el chachachá sigue vigente en las pistas de baile de hoy. Nada más hay que ver cómo se aglomeran las parejas cuando “Los marcianos”, “El bodeguero” o “Las clases del chachachá” retumban en el entarimado.

Es evidente que el gusto por el baile nunca ha desaparecido de fiestas, reuniones, celebraciones y reventones de todo tipo, pero hace ya muchos años que las pistas no han visto a una juventud que conozca y ponga en práctica los pasos propios de los diferentes ritmos que han pasado la prueba del tiempo, como un foxtrot, un vals o un tango. Sin embargo, los temas musicales que pertenecen a la corriente tropical han permanecido hasta hoy como favoritos entre la mayoría de los bailadores contemporáneos.

Al igual que todos los géneros verdaderamente populares, el chachachá no surgió de la nada. El ritmo se originó en un proceso de evolución y experimentación encabezado por Enrique Jorrín, quien formaba parte de la legendaria Orquesta América. Jorrín es importante porque, habiendo nacido el 25 de diciembre de 1926 en Pinar del Río, es, sin lugar a dudas, el genio creador del chachachá.

Jorrín se había dedicado durante su juventud a componer danzones; temas que al principio respetaban todos los cánones musicales propios del género, pero que después, poco a poco, fue modificando a través de sutiles cambios. Así, podemos afirmar que el chachachá surgió como un desarrollo del viejo danzón cubano, que era una versión más lenta de lo que ahora es el mambo.

Antes de que se conociera el chachachá, el mambo había tomado por asalto al mundo entero. El frenético ritmo se oía por todas partes, y su creador, Dámaso Pérez Prado, había entrado al selecto círculo de los compositores más celebrados del siglo.

Dado que tanto el mambo como el chachachá comparten un origen común, muchas personas no distinguen las enormes diferencias que hay entre ellos y que los hacen completamente distintos. Pero hay que fijarse que en el mambo predomina el sonido de trompetas, trombones, saxofones y piano, mientras que en el chachachá se destacan los violines, el güiro y la flauta. Además, el mambo es básicamente un género instrumental, mientras que el chachachá es cantado y lleva voces a coro unísono en todas las piezas.

El nombre con el que originalmente Jorrín llamó a sus experimentos fue neodanzón. Lo que componía, según él, eran danzones modificados. Estaba influenciado por lo que antes había hecho Orestes López, un músico que quería infundirle dinamismo a la parte final del danzón. Para ello López aceleraba y acortaba cada vez más los últimos compases de los temas para darle lugar a los cantos y a las introducciones instrumentales. Esta búsqueda de López sirvió como punto de partida a las ideas que llevarían a Jorrín a cuajar después el chachachá.

Cuando se inventaron los pasos para bailar el chachachá se descubrió que, al rozar el suelo, los pies de los bailadores producían un sonido peculiar, precisamente en tres tiempos seguidos: cha-cha-chá. Así, por onomatopeya, nació el nombre con el que finalmente el ritmo se consagró en el mundo.

Foto: Especial

El ocho de mayo de 1954 Jorrín fundó en México su propia orquesta. La instrumentación del chachachá fue tomada del danzón, que en Cuba se toca con una agrupación musical llamada charanga francesa, herencia musical de las emigraciones debidas a la Guerra de Independencia de Haití. La instrumentación básica consiste, además de las sección rítmica compuesta habitualmente por la percusión, el piano y el bajo, en una sección de cuerdas que produce un colchón de armonía y ritmo sobre el que una flauta teje melodías deliciosamente confeccionadas.

Los grupos más importantes en la interpretación del chachachá fueron: la Orquesta América, Los Cariñosos, la Orquesta Aragón y, por supuesto, la Orquesta de Enrique Jorrín. La agrupación mexicana más relevante del género fue la de Ramón Márquez, autor de “Las clases del chachachá”, uno de los temás más clásicos del catálogo.

Un dato curioso es que dos éxitos rotundos, “La basura” y “Señor juez”, son creaciones de Jorge Zamora, el popular Zamorita, quien llegó a México de Cuba a finales de los cuarenta para actuar en una película de Tin Tan y se quedó aquí para siempre. Otro compositor notable dentro de esta corriente fue Rosendo Ruiz Quevedo, quien escribió “Rico vacilón” y “Los marcianos”, temas que tuvieron un éxito tremendo.

El chachachá más conocido en el mundo es “El bodeguero”, escrito en 1955 por el flautista cubano Richard Egües, quien fuera estrella de la Orquesta Aragón. Es justo decir que el cantante estadunidense Nat King Cole, con la versión que hizo en español del tema, contribuyó mucho a consagrarlo como clásico. Gracias a Cole, en Francia, Japón, Italia, Estados Unidos y en muchos otros países, la canción se sigue escuchando.

El chachachá está muy relacionado con México. Aquí, en tierra azteca, nacieron muchas de las obras más famosas del género, y algunos de sus protagonistas son personalidades muy queridas y reconocidas por nuestro pueblo. Hay chachachás clásicos que se siguen tocando en México. En la lista podemos agregar: “El maletero”, “Cógele bien el compás”, “Pimpollo”, “Los bomberos”, “Cachita”, “La blusa azul”, “Por qué llora el niño”, “Poco pelo” y “Yo tengo una muñeca”.

Así, al llegar el chachachá a sus seis décadas de existencia, lo encontramos activo y vital con la continuada aceptación de públicos de todas las edades. Ojalá que la próxima vez que usted asista a una pachanga, el grupo musical o el DJ le toque algunos de esos temas, para que pueda experimentar la alegría y simpatía del chachachá y, quién sabe, a lo mejor por ahí, en esa pista, pronto nos encontraremos.

Jaime Almeida