Subastas... hasta de urnas con cenizas
Eduardo López-Morton, graduado en Relaciones Internacionales, se perfila como el virtual heredero de la Casa de Subastas Morton, la que su padre, Luis López-Morton, abriera en 1988.
La Casa de Subastas Morton ha obtenido un gran prestigio a lo largo de casi un cuarto de siglo, y ahora Eduardo López-Morton se incorpora para aprender del negocio y continuar con su herencia familiar, además de perfilarse como uno de los mejores “martilleros” (como se designa al que coordina la puja en las subastas) de la Ciudad de México. Eduardo es la segunda generación que por convicción toma las riendas de la casa de subastas.
A la edad de 10 años, cuando muchos niños fantasean con un sinfín de profesiones, él sabía que el negocio de las subastas era lo suyo. Con frecuencia acompañaba a su padre a estas ventas, en donde sentía la emoción de la puja por algún artículo y se acercaba al conocimiento del valor de las obras de arte y de otros objetos subastados, como escritos, medallas y porcelanas.
A pesar de su juventud, Eduardo sobresalió como uno de los mejores “martilleros”; se ha preparado para desempeñarse bien en esta área. El “martillero” es quien lleva la subasta, quien la dirige, maneja las posturas y hace la venta final dentro de la misma (es conocido con este nombre porque se acostumbraba cerrar las ventas golpeando con el martillo en el rostrum o plataforma desde donde señalaban al comprador ganador de la puja).
Para ser “martillero” reconocido a escala mundial, hay que tener preparación, y en México hay muy pocos porque no existe un lugar donde tomar clases o cursos. En Europa, en contraste, más que un negocio es una tradición de 400 años. Eduardo tomó cursos de verano en la casa Sotheby’s de Inglaterra, y estuvo trabajando tres meses en una casa del sur de Londres, en Woolley Andwalls. “Una formación en este mundo realmente no tuve. Estuve trabajando con mi papá dos veranos intercalados: uno en la casa de subastas y otro en Sotheby’s; primero pude venir aquí los jueves y los sábados, y ahora vengo de tiempo completo. Simplemente me gusta, y cuando te gusta lo que haces y tienes confianza en ello creo que la pasas bien, pero tampoco es tan difícil como parece”.
Papá e hijo están convencidos de que es necesario seguir códigos de ética para manejar las subastas, ante todo sobre qué es lo que se tiene y cómo es que se debe manejar. López-Morton padre señala: “Mucha gente ‘martilla’ en México sin ningún conocimiento sin ninguna regla. Nosotros queremos que se pongan reglas para esto, porque es muy malo para el negocio. Si usted va a una casa de subastas o una subasta donde el ‘martillero’ no esté haciendo las cosas adecuadas, inmediatamente piensan que todos los ‘martilleros’, o todas las casas de subasta, hacen lo mismo, y por eso queremos cuidar mucho esta parte. Queremos que sea como en otros países, donde los ‘martilleros’ tienen que tomar un curso, se da una licencia para que no cualquiera pueda ‘martillar’; tiene que pasar a través de ciertos filtros y cursos”.
Recalca que para “martillar” hay que saber cómo se llevan las posturas, cómo se lleva la puja, cómo actuar desde arriba del rostrum y cómo vender las cosas, además de ciertos conocimientos básicos de lo que se va a “martillar”.
Sobre las aptitudes de “martilleo” de su hijo Eduardo, Luis López-Morton nos dice: “Ya se ha subido al rostrum para subastas; tiene muchos meses aquí en los diferentes departamentos, aprendiendo realmente lo que es el oficio de subastador”.
Eduardo completa: “Hay dos cosas: la primera es que tienes que estar seguro, no arrepentirte de lo que estás diciendo; la segunda, que hay una tabla de números, una serie de fórmulas que, si te las aprendes, solitos los números brincan. Entonces ya no estás pensando: ‘Ay, ¿en qué estaba? ¿Y luego a qué voy?’... Solito y con la misma práctica se va haciendo rutina, y llega un momento en el que dices las mismas cosas y solamente cambia el lote que estás subastando. Claro, hay que tener cierta empatía con el público, sonreír... Mi papá dice que debemos sonreír ante todos porque caes bien”.
SE ESCRIBE HISTORIA
Luis López-Morton trabajó 10 años en el negocio familiar, Mueblerías López-Morton, pero el arte siempre le atrajo. En un viaje a Londres visitó la Casa de Subastas Sotheby’s, y cuando vio al subastador, la dinámica y el ambiente pensó “esto es lo que yo quiero ser”. Por ello fue que mantuvo contacto con casas de subastas de Europa y en 1988 abrió una galería de arte en su casa, donde la gente podía comprar de manera directa; después realizó allí su primera subasta. Luego recibió asesoría de Paul Viney, dueño de Woolley Andwalls, de Londres, y a partir de eso revaloró su tarea para dar el siguiente paso y poder armar una casa de subastas. Poco a poco, con subastas mensuales, fue que Casa de Subastas Morton creció, a la par que el joven Eduardo, quien contaba apenas con ocho años cuando su padre inició esta aventura en una casa de las Lomas de Chapultepec.
Cuenta que desde hace tres años se maneja con una casa de subastas en Houston, además de la Casa de Montes Athos en la Ciudad de México. Ahí las subastas son semanales y de catálogo, y lo que se vende es arte local. Pero las expectativas no se quedan allí. Eduardo revela: “A mí me encantaría empezar por ahí (Houston), eventualmente subir a Chicago, llegar a Nueva York, hacernos de nombre allá y, en unos años, ¿por qué no?, brincar hacia el Reino Unido. Poco a poco ir ganando mercado, expandirnos dentro de nuestras posibilidades. Preferimos ser un pez pequeño en un tanque grande, que un gran pez en un tanque pequeño”.
Eduardo todavía ve más allá: se imagina a sus hijos continuar con este legado apenas iniciado. “Tenemos las herramientas, no veo opositores para que esto se achique. Sería un sueño de dos generaciones, y si acaso no se puede, al menos dejar armas o herramientas que alguien más pueda retomar, para que así en unas ocho o 10 generaciones lo siga manejando la familia”.
LA CASA POR DENTRO
En la empresa trabajan 120 personas: en México 100 y en Houston 20. En la sede de la Ciudad de México tienen los departamentos de colección de herencia, joyería, antigüedades, arte moderno, artes decorativas, libros, vinos y camiones de la compañía. También tienen el área financiera, que adelanta dinero a quien necesita vender sus piezas. Por supuesto que, como negocio, tienen un porcentaje de las ventas. Es el porcentaje por consignación, que es de entre 10 y 15 por ciento más IVA sobre el precio de ”martilleo” o de venta, y 20 por ciento por comprador, que es cuando se adquiere la pieza en la casa de subastas. “Nunca castigamos de más el precio; esa es la gran ventaja que tiene la galería: tú puedes llegar con un cenicero de plata de dos mil pesos, y puede venderse en ocho mil, lo que significa que te vamos a dar tres mil setecientos. Todo mundo gana”, comenta Eduardo.
Para comprobar que las obras son originales, cuentan con expertos en cada uno de los departamentos, además de preguntar mucho a especialistas de los temas. Como ejemplo, en arte contemporáneo se habla con gente de museos, que ha realizado libros acerca de los artistas, y en muchas ocasiones se recurre a los mismos familiares de los artistas. Cuando las piezas son muy difíciles de identificar, se apoyan en su propia experiencia y conocimiento, así como la de los especialistas de los diferentes departamentos, y se acude también a personas externas conocedoras de otras disciplinas.
También cuenta con su lado altruista y apoyan constantemente con su servicio a diversas causas. “Nos invitan a hacer subastas a beneficio: nosotros montamos el equipo, las paletas, somos los subastadores, y otorgamos el servicio, que es simplemente vender dos, tres, 20 o 60 piezas que artistas o particulares donan. Las vendemos en la subasta porque es una cosa divertida; si se pone a venta directa la gente se aburre. Haces una subasta de media hora junto con una cena, un coctel, y la gente se interesa, les gusta el evento. Vamos el día que nos invitan, hacemos el servicio y listo”. Han apoyado así al Museo de Antropología, al Colegio de San Ildefonso, a fundaciones y artistas. Tienen una base fija de cobro por el servicio, pues el personal va a trabajar horas extra y hay que mover e instalar computadoras; aparte de eso, no se cobra nada del precio total de venta, todo va ciento por ciento para la fundación que se apoya.
MITOS Y LEYENDAS
La Casa de Subastas Morton busca borrar ciertos mitos y leyendas con respecto a las subastas, quitar la idea de que sólo asisten personas con pieles y joyas de la abuela o señores impecablemente vestidos, y que el subastador es un tipo prepotente que en cuanto alguien mueve un dedo acaba de comprar un cuadro en millones de dólares. Las subastas son sin invitación; tampoco es requisito ser multimillonario para comprar, simplemente hay que presentarse los jueves a las siete de la noche, por lo general. “No hay ningún dress code; muchas veces dicen: ‘Oye, yo nunca había venido aquí, yo tenía una idea completamente distinta, y además acabé llevándome esto’. Entonces eso es padre, y es lo que nos interesa: gente nueva que va de regreso a su casa con sus primos, sus abuelos, sus amigos y les dice: ‘Oye, me topé con estas cosas’”, comenta Eduardo.
Para poder participar en la puja hay que dejar un depósito. El caso más común es con tarjeta de crédito, pero sin intención de ver el poder de compra que tiene el cliente. Eduardo explica que “es simplemente para prevenir que una persona compre toda la subasta, se desaparezca y perdamos completamente la venta de toda la subasta, porque, cómo lo encontramos, cómo le cobramos, y todos los demás clientes ya no compraron porque él se llevó todo. O simplemente porque compre dos, tres piezas y se desaparezca y ya nunca volvamos a saber de él, o sólo pague una y lo demás se queda aquí, como en el limbo. Es simplemente para tener los detalles de la tarjeta y cobrar”. Con una sonrisa agrega que lo hacen también para decirle: “Oiga, se lo vamos a cobrar, ya pasaron los tres días de prórroga. No se haga”.
Los depósitos varían de acuerdo al costo de las piezas: van desde los 50 mil y 100 mil pesos, y en el caso de que no se adquiera nada, el depósito se reembolsa. Un caso muy particular es el del salón Moliere, en donde el depósito es de cinco mil pesos, porque ahí se vende arte decorativo, piezas de uso diario como escritorios, lámparas, cristalería, joyería o porcelana. El costo va desde 500 hasta 30 mil pesos, pero son piezas raras. Las subastas en este salón se llevan a cabo los sábados a las 11 de la mañana, y es como una iniciación hacia el mundo de las subastas. La intención es que el público conozca este ambiente y sepa que puede adquirir desde una recámara, pinturas o un juego de cubiertos, y que se acerque y pregunte.
“La gente se está interesando y poco a poco va entendiendo el concepto. Va viendo, se meten a la página de internet, nos hablan mucho y muchas de esas llamadas son simplemente de preguntas: ‘¿Podemos ir a ver?’, ‘¡Claro que sí, por favor!’. Siempre les damos el tiempo a los clientes para responder todas las preguntas que se necesiten, porque es la base del negocio y es importantísimo que la gente sepa cómo funciona esto: que no es un negocio truculento, que no es cierto que estamos diciendo que las joyas de la abuela valen 30 pesos para venderlas en millones y quedarnos toda la ganancia”, señalan padre e hijo, quienes insisten en que hay que darse a conocer como un negocio serio, honesto y confiable, y una buena opción para vender las piezas que ya no necesitan o que simplemente ya no quieren tener.
En noviembre del año pasado realizaron por tercera ocasión una de las subastas más importantes, en donde se pujó por un total de 194 piezas, entre las que se destacaron pinturas, esculturas y fotografías de artistas como David Alfaro Siqueiros, María Izquierdo, Roberto Montenegro, Francisco Corzas, Carlos Mérida, Benjamín Molina, Boris Viskin, Phil Kelly, Carlos Ríos, José Bardasano, Guillermo Gómez Mayorga, Luis Nishizawa, Pablo O´Higgins, Eduardo Kingman, Rafael Cauduro y Gabriel Orozco, entre otros. Las obras que llamaron más la atención fueron: La Virgen de la cabeza, Ávila, Retrato de española con mantilla y Aurea Procel vestida de Tehuana, de Diego Rivera.
Eduardo fungió como “martillero”, y considera que entre sus ventas más importantes estuvo la de La Tehuana, que alcanzó una puja de cinco millones 500 mil pesos, casi su valor inicial. También se encuentra obra de artistas contemporáneos como Héctor de Anda y José Antonio Farrera, fotografías de Fernando Cordero y escultura de David Guzmán.
En estos momentos López-Morton, Rafael Matos, Hilco Acetec y Carasa, las casas de subastas bien establecidas en México, buscan reglamentar esa actividad, y es que en México cualquier persona subasta, y en muchas ocasiones son objetos falsos, lo que desprestigia a los demás. Se busca que el proceso sea honesto y limpio, y que, como en otros países, los subastadores tomen los cursos necesarios para obtener el permiso o la autorización.
URNAS FUNERARIAS
Una empresa de este tipo guarda anécdotas y objetos muy particulares, llenos de historia, por ejemplo magiscopios de Feliciano Béjar u obras de paisajistas del siglo XVIII. Uno de los objetos más extraños con los que se han encontrado es un berbiquí, instrumento hecho de plata, con diferentes medidas, para trepanar cerebros, con un estuche de piel fabricado, con terciopelo negro por dentro, una pieza del siglo XVIII que utilizaban para hacer estudios. También les enviaron para vender un par de tibores franceses que utilizaban como urnas; se realizó el catálogo y, previo a la subasta, fueron revisadas y resultó que una de ellas tenía las cenizas de alguien, quizá un pariente, algo de lo que no se percataron los antiguos dueños. Obviamente no se vació esta urna y se vendió tal y como estaba.
Eduardo continúa aprendiendo de su padre y sigue sus consejos para poder continuar con este legado, el que después de un largo proceso ha generado la casa de subastas más importante de México. “Papá siempre nos ha enseñado, desde chiquitos, a trabajar y trabajar bien, para de entrada ser felices; segundo, para poder hacerte un hombre y poder ser alguien en la vida. Es algo a lo que le tienes que meter tiempo, dedicación y esfuerzo para que realmente progrese”, finalizó.



