La izquierda porosa y la República amorosa
Una revisión de la amorosa y pacífica estrategia de AMLO para atraer el voto indeciso y de la clase media en unas elecciones en las cuales regirá el populismo.
Empieza 2012 y cada vez se ensanchan más los espacios para aquellos que, en realidad, no quieren ni desean propiciar las condiciones para que se concrete un acercamiento o un viraje, en la medida de las posibilidades nacionales, hacia una izquierda electoralmente moderna y competitiva. Y más aún en el contexto previo a unas elecciones de gran envergadura, en la hora de las posturas claras y las propuestas concretas.
Los análisis y los escenarios políticos han tenido que replantearse ante un discurso diferente, distanciado del que sostenía Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no hace mucho —aquel que apelaba a las acciones violentas y tercas que marcaron el actuar de este político—, una vez, primero, conocido su “triunfo” en la definición por la candidatura de la unidad de las izquierdas rumbo a las elecciones presidenciales y, segundo, tras aparecer en cadena nacional, en prime time, dándole la mano a Joaquín López Dóriga y ofreciéndole reconciliación a Televisa, cadena a la cual vilipendió hasta donde pudo en el pasado inmediato, con todo el balde de agua helada que ello representó para sus seguidores de hueso colorado.
EN BUSCA DEL ESTADISTA
Si se piensa de manera histórica, y tomando en cuenta sólo coyunturas momentáneas, antes de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) era el que venía haciendo “las propuestas” para un México mejor y más viable. Pero después del desastre en que ha caído su candidato en términos de pericia intelectual y cultura general, la cosa ha ido a peor. Esto, si al último reporte de The Economist nos atenemos, mismo que deja ver con qué poca seriedad se toma la asesoría política en México, en donde, al respecto, se sigue discutiendo si saber leer es bueno o no, o si el pueblo o sus candidatos se saben o no determinadas lecturas o determinados autores. Tres de ellos, de ellas. En este terreno, otra vez, seguimos en un grado más allá del tercermundismo.
Por otro lado, y tal vez por lo anterior, vemos cómo en México, en tiempos de elecciones, sobre todo en las presidenciales, casi siempre aparecen personajes políticos o guerrilleros haciéndole al estadista, y estadistas ex políticos tratando de vender gruesos libros para expiar culpas, sugerirnos qué hacer, en aras de “colaborar con el mundo de las ideas y el debate nacional”. ¿Dónde está la diferencia entre poderosos y alternativos si los tiempos siguen siendo sexenales? ¿Dónde radican y en qué tiempos se hacen las propuestas de altura a la mexicana?
Durante cuatro o seis años tenemos actitudes parlamentarias de verdaderas entidades de capos, faltistas o de porros, que, de repente, como por arte de magia, nos muestran a un travesti con dotes intelectuales, en aras de hacer el trabajo de este gremio que, un día sí y el otro también, ve pasar la vida nacional desde su mecedora, recibiendo premios, congratulándose y aplaudiéndose a sí mismo, o peleándose entre sí, sin inmutarse. Los debates, aquí también, pues, se dan cada seis años.
LA EMBARRADA DE “CIENCIA POLÍTICA”
La politología aborda y estudia la esencia de la realidad política, describiéndola y explicándola por lo que es, a diferencia de la teoría política clásica, aquella que, tomando en cuenta la tradición, se dedica, desde una perspectiva más subjetiva aún, a señalar lo que la realidad política tendría, en principio, que ser.
Así las cosas, es curioso que, en la arena política mexicana, mientras se desdeña ferozmente al adversario durante largo tiempo, después se lo pretenda incluir, sin medida política de por medio, en alguna reforma importante; que mientras se lleva a cabo una estrategia gubernamental cruel y asesina, se haga como que se dialoga con la sociedad, advirtiendo en todo momento que, independientemente de ese diálogo, la estrategia propia es la adecuada; que mientras se busca la Presidencia con propuestas “de gran calado”, la entidad que previamente se gobernó tenga una calificación, en términos de gobernabilidad y de defensa de derechos humanos, propia de los países tiránicos. Ejemplos de un largo etcétera en donde lo que debe ser dista mucho de lo que es, de lo que ha sido y de lo que, por lo que se ve, será.
Así las cosas, ¿en dónde encontramos la verdadera política, pues? ¿En dónde?
EL ESPEJO PERUANO: DE LA RADICALIDAD A LA MODERACIÓN
Alejados, pues, de lo que ha sido nuestra muy pobre, porril, machina y mediocre actividad política real, ahora, con las elecciones presidenciales en puerta, de lo que se trata no es de posicionarse claramente en alguno de los polos ideológicos, sino de tomar el centro por asalto. A como dé lugar, para ampliar así la franja de votos.
Una vez identificado el bando contrario, ahora hay que ejercer todo el poder del que se es capaz, en función del grupo al que se pertenece y sus intereses, sin miramientos ni contemplaciones, considerando que la contraparte hará exactamente lo mismo. Real politik.
Así las cosas, tenemos que, en el caso de la izquierda institucional, por un lado, y AMLO y su Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) de manera específica, por el otro, el camino que se está recorriendo es el peruano. Por las similitudes ideológicas de izquierda entre ambos países y por la personalidad y propuesta populistas de Ollanta Humala, el horizonte del bloque de la izquierda mexicana unida ahora está en Perú.
En algún punto de su campaña, Humala cambió de tono, y de radical pasó a vestirse de moderado. El asalto al centro político, pues. A la voz de “¡yo no soy Satanás!”, este ex militar comenzó a deslindarse de todo aquello que le representaba puntos en contra. Así, dejó claro que el modelo chavista no era su modelo, que respetaría los mercados internacionales y que, a pesar de enfrentarse a un posible fraude, él sería respetuoso de las instituciones y llegaría así hasta el final. Ganó y se hizo del poder, rebasando 50 por ciento de los votos en Perú.
Este es el sendero. De no serlo, ¿qué hizo el año pasado AMLO en Madrid y en Washington, dando sendos discursos, basados en su “Proyecto de Nación” y en su Morena, cuando hace poco más de un lustro afirmó que las relaciones exteriores del país se podían llevar perfectamente a cabo por teléfono, en aras de no gastar en viajes? ¿Qué hizo ante la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión, “el organismo de los monopolios” al que tachó de cosas indecibles por haber participado en “el fraude” que le hicieron en 2006, y eso por no hablar del lugar a donde la mandó?
¿QUÉ FUE A HACER A TELEVISA?
AMLO se ha movido al centro, pues no piensa desperdiciar, desde su añeja lógica, lo logrado en estos años en los que, él sí, a diferencia de otros, ha hilado paciente las redes de su candidatura, de sus intereses. Con una estructura paralela no partidista (Morena), que lo proveerá de legitimidad social llegado el momento, con una fuerza partidista que ya lo provee de recursos federales (Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano), con un grupo de escritores y artistas que siempre lo acompañan y acompañarán, con muchos recorridos por el país entero a lo largo de estos últimos años en su haber, y con un conocimiento crudo sobre los mecanismos del atrasado sistema político mexicano, el tabasqueño, así lo piensa, va a hacerse más fuerte con este viraje, pues de lo que se trata es de ir en pos del voto tanto de los indecisos como de la clase media.
Por eso, ahora se ve en la necesidad de ir a las presidenciales con un bloque del lado más leal y pragmático de su izquierda, que no la más auténtica ni la más real, con un aire más civilizado y reconciliador y con lo que eso le implicará a futuro; deja así, al mismo tiempo, el lado propositivo y el futuro político más protegido de los futuros políticos a Marcelo Ebrard, el aparente perdedor del año pasado quien, si todo sale bien, ya tendrá su momento estelar en 2018, como siempre, bien arropado y bajo la sombra del mentor en turno. Al tiempo.
Siguiendo el comparativo peruano, tal vez, el problema va a radicar en esa ala radical y porril con la que, innegablemente, está ligado. Su hilado fino, al respecto, de no entrar en el terreno de las definiciones tempraneras de 2012, puede volvérsele un engrudo difícil de quitar de las manos en los momentos clave que se avecinan, pues, aparte de que avanza lenta pero segura la fecha para desclasificar la información de los segundos pisos, René Bejarano y Dolores Padierna, con el acarreo y el golpeteo que organizaron para descarrilar las elecciones internas del Partido de la Revolución Democrática (PRD), en aras de denostar a Ebrard hasta el último instante, no es algo que se tome ni se vea bien en institutos como el Ortega y Gasset o el Woodrow Wilson Center, por poner ejemplos. Por el contrario, son la promesa puntual de que aquellas ligas, no las que unen y lo unen a estos personajes, sino las otras, volverán.
El populismo tiene su hora de la verdad en las elecciones presidenciales de este año, y esa es una coyuntura que, dadas sus últimas muestras de moderación y civilidad, AMLO no podrá, ya no, esquivar. México, con toda la violencia narcótica de los últimos años, no es la Ciudad de México. Esa ciudad trampolín, cuya política es muy distinta a la nacional, puede volver a lanzarlo más allá de la alberca de no tomar postura clara ante los verdaderos temas progresistas.
Ya no se trata, pues, de ser simplón, de callarse o de hacer lo que su dedito le diga. Si la centro-izquierda ideológica será la finalidad pragmática de su campaña, su discurso respecto a hacer consultas populares en todo y para todo lo que le molesta o en lo que no se define —como el asunto del aborto, las uniones gay o el derecho a la vida—, lo colocará en el papel no sólo del beato del pueblo sino en el del mentiroso y cínico de siempre, con la enorme factura que, seguramente, si sigue ese camino, le cobrará más del .56 por ciento de interés democrático que le hizo efectivo el año 2006, y mucho más dependiendo de los errores.
¿O qué? ¿Quiere tomar el riesgo, por ejemplo, de ver cómo salen los números a la hora de que se le pregunte a los mexicanos si quieren a Bejarano, El señor de las ligas, de secretario de Gobernación? ¿A Padierna, jefa del ambulantaje y el chantaje defeños, realidades que él mismo propició descarada y groseramente extendiendo una infección que ni Ebrard ha podido parar hasta ahora, como secretaria de Educación, como embajadora en el extranjero o como vocera de la Presidencia de la República? ¿Esa será su altura de miras? ¿De verdad?
Ollanta Humala no sólo tuvo que hablar de dientes para afuera o vestir bonito, sino que, independientemente de detalles como el tomar clases de dicción, en los hechos políticos cortó todo posible vínculo con dinero y organizaciones venezolanas y metió de lleno a su campaña política no a personajes polémicos o de la tele, sino a unos que, al principio, estaban abierta y frontalmente en su contra, como fue el caso de Javier Pérez de Cuéllar, Alan García y Alejandro Toledo, para no hablar de la joya de la corona, su antes acérrimo enemigo: Mario Vargas Llosa. Personajes de gran estatura en los mundos político e intelectual de Perú y el mundo. Ni más, ni menos. ¿Qué ha hecho AMLO en este sentido? ¿Recurrir a la exposición pública del Tata, quien una vez aceptado el puesto qué le dirá luego a sus nietos, si hemos de tomar en serio su comercial?
Respecto a campañas presidenciales, Humala también demostró que no todo es hacia adentro, y que los errores del adversario también sirven. Pudo incrementar considerablemente el voto femenino, ya en la recta final de la cerrada contienda, pues apuntaló fuerte y recio sus denuncias en contra de un programa de esterilizaciones forzadas en gran parte del país. Aquel fue el golpe mortal para Keiko Fujimori, su poderosa, pulcra, educada y jovial contendiente, que nada pudo hacer al respecto. Las mujeres se la cobraron, y muy caro, con todo lo que eso implicó, de pasada, para la vida y situación política de su padre, Alberto.
¿Cuál sería el ejemplo pejista, si después de mandar a Peña Nieto a que tomara un taller con Paco Ignacio Taibo II, por aquello de la ignorancia literaria, se ha tropezado citando mal a ciertos autores o desconociendo el popularísimo dato del valor del boleto del Metro en el DF?
DE SEUDORELIGIÓN E HIPOCRESÍA
El cardenal Juan Luis Cipriani no dejó de pronunciarse a favor de la candidatura de Keiko Fujimori en Perú. Lo hizo cínica, descarada y abiertamente, en un intento de poner a la feligresía católica peruana, que también es multitudinaria, en contra de Ollanta Humala.
Éste, por su parte, siempre fue claro y directo al respecto: “Yo pienso que la Iglesia tiene una labor de ayudar a las personas a acercarse a Dios, no a acercarlas a un partido político. No podemos mezclar la religión con la política”. ¿Se podía pedir más claridad al respecto? ¿Y en México, cuándo?
La política no es el mundo de las creencias místicas y tampoco el de los actos de fe. En ese sentido, resulta estéril la discusión popular en cuanto a si AMLO cambió o no. Lo pertinente es observar la estrategia. En ese marco, y ya que está de lleno en la construcción de ese amplísimo frente o movimiento de izquierda, cabría preguntarse qué tanto han visto sus asesores los alcances que tendrán, a la hora de intentar profundizar en la franja electoral del centro político, sus posturas confusas, chistosas, nulas u ocurrentes respecto a la religión, a la Virgen de Guadalupe, a las minorías sexuales, a las cuestiones de género, a la renta de vientres, a los feminicidios, a la nanotecnología y demás realidades que tendrían que ser lo natural en un político de izquierda.
En su última entrevista con Carmen Aristegui, en la parte en donde le pidió que hablara un poco sobre su República amorosa y el mote de Morena, intentando sugerir la gran contradicción de un candidato “de izquierda” pregonando asuntos de religión, AMLO sólo dice, en cuanto a la primera, que necesitamos una reconciliación y, en cuanto al segundo, que fue una coincidencia, por aquello del nombre con el que popularmente se llama a la Virgen de Guadalupe. ¿Coincidencia en política? ¿Con esa seriedad y gran carácter afrontará los problemas nacionales? Al tiempo.
Si a Humala, militar de extracción humilde, cuya candidatura fue de izquierda-nacionalista, no le tembló la boca para poner a la Iglesia católica en su democrático sitio, ¿qué demonios pasará con ese AMLO religioso y amoroso, como candidato oficial de la izquierda amplia progresista, si ya desde hace mucho (remember Norberto Rivera inaugurando junto con él segundos pisos o la misma consulta para ver si se aprobaba o no la Ley de Sociedad de Convivencia en el DF) viene dando muestras claras, amorosas y amistosas, eso sí, de que tiene de progresista y estadista, lo que usted y yo, querido lector, tenemos de laureado alquimista?



