Periodismo virtual: “Como con la televisión o la prensa, es saludable ser crítico con las redes sociales”
Andrés Monroy-Hernández, experto en redes sociales de nuevas tecnologías, ofrece una visión clarificadora del fenómeno.
Las redes sociales son consideradas un elemento más en el ecosistema de los medios de comunicación, donde están creando modelos que derivan en estructuras ampliadas y descentralizadas de organización social, a veces relacionadas con revoluciones libertarias y con nuevas formas de ejercer el periodismo.
Luego de la revisión de miles de mensajes en cuentas de Twitter en México, Andrés Monroy-Hernández, candidato a Doctor por el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT, por sus siglas en inglés), investigador del Laboratorio de Medios del mismo, así como de Microsoft Research, las ha identificado incluso como redes de alerta y de cohesión social frente a la violencia y el crimen organizado. De la misma manera identifica el cuidado que debe tenerse en su uso para proveer información de carácter periodístico, reconociendo primero la necesidad de verificar, en la medida de lo posible, lo publicado en una red social, y postulando la necesidad de educar a las audiencias al grado de alcanzar una “alfabetización mediática” para la producción y el consumo de información en las redes sociales.
LC: Hablemos sobre la relevancia inusitada que han cobrado recientemente las redes sociales.
AMH: Las redes sociales pueden ser analizadas desde dos puntos de vista. Uno de ellos es más nuevo, complejo e importante que el otro: el primero es el clásico punto de vista tecnocentrista que atribuye al software social todo lo que la gente hace con él. Por ejemplo, el decir que Twitter causó la caída de Gadafi o el culpar a Facebook por el ciberacoso de adolescentes (cyberbullying) son puntos de vista muy simplistas y, hasta cierto punto, nada nuevos. El teléfono y el telégrafo tuvieron una recepción muy similar. Algunos pensaron que el teléfono iba a traer paz en el mundo y otros argumentaron que sería un peligro para las familias. Lo que sí es cierto es que el software social amplifica y pone en evidencia fenómenos socioculturales que ya existen.
El segundo punto de vista, más nuevo y complejo, está basado en las propiedades únicas de descentralización de las redes. Internet en general y las redes sociales en particular, son tecnologías que favorecen modelos de comunicación descentralizada o peer-to-peer, como mejor se les conoce. Esto quiere decir dos cosas: 1) Todos los nodos o personas en las redes sociales son iguales, por lo que la cuenta de Twitter de un Presidente es igual que la de un periodista e igual que la de un adolescente, y 2) El flujo de la información es difícil de monopolizar. La información fluye de un nodo de la red a otro con mucha facilidad. Esto permite la commons-based peer production, según la llama Yochai Benkler, donde el ejemplo clásico sería Wikipedia. El uso de hashtags de Twitter para alertar sobre la violencia en México podría verse como otro ejemplo del mismo fenómeno.
Es cierto que las redes sociales se usan para transmitir mensajes banales, pero estos mensajes de la vida diaria son síntomas de que un sistema de comunicación es efectivo. Ethan Zuckerman sostiene la teoría de que sólo las tecnologías usadas para enviar fotos graciosas de gatos, son aquellas con las posibilidades de ser usadas para organizar activistas políticos: los mensajes banales sirven como aceite para el engranaje de sistemas de comunicación modernos.
LC: Es innegable su poder cohesionador en torno a un tema, pero ¿qué tanto pueden serlo más allá de internet en un mundo donde apenas 30 por ciento de sus habitantes está “conectado” a la web?
AMH: Hay quienes dicen que las actividades en las redes sociales no se convierten en activismo político en las calles, incluso se ha acuñado el término slacktivism o activismo flojo. Un ejemplo típico es cuando la gente cambia su foto de perfil en Facebook o Twitter para apoyar una causa; el compromiso y el trabajo son nulos. Al mismo tiempo, las redes sociales han servido para enfocar la atención a diferentes temas. Hay quienes argumentan que las revoluciones en los países árabes ganaron reconocimiento en Occidente gracias al “ruido” provocado en las redes sociales, a pesar de que muchos de los que andaban protestando en las calles ni siquiera tenían forma de acceder a internet. Tradicionalmente los únicos que podían hacer escuchar su voz eran los influyentes, los que se han venido a conocer como “el uno por ciento”; si bien las redes sociales no han permitido que ciento por ciento de la población sea escuchada, sí han permitido un gran cambio democratizador, de acceso. Hoy día, la clase media, es decir, ese 30 por ciento con acceso a internet, puede hacer oír su voz más fácilmente que antes. Ir de uno por ciento a 30 por ciento es un cambio muy significativo. Por otro lado, el número de personas conectadas no es la única medida; importa mucho quiénes están conectados. Los movimientos sociales no necesitan involucrar a la mayoría de la población directamente para ser exitosos. El porcentaje de la población mexicana involucrada en la Revolución o la Independencia fue muy probablemente por debajo del porcentaje de la población actual con acceso a internet. Así, son los líderes de opinión, celebridades, periodistas, gobernantes y demás quienes están conectados. Por esto, generar atención en la web incrementa las posibilidades de ser escuchados por personas con poder de decisión, o gente cuya opinión es valiosa para muchas otras personas. Esto también quiere decir que es importante no hacer inferencias directas sobre lo que sucede en línea con lo que sucede en las urnas. En 1936, la revista Reader’s Digest (Selecciones en México) predijo fallidamente el ganador de las elecciones presidenciales basada en una encuesta. Si bien la encuesta pudo haber sido bien hecha, cometieron el error de asumir que los lectores de su revista eran un segmento representativo de la población total, lo cual no fue cierto. El mismo error se puede cometer en Twitter o Facebook, por lo cual hay que ser cautelosos en asumir que la opinión en línea se traduce directamente en la opinión de la población en general.
LC: En ese sentido, ¿a nivel general están las redes sociales sustituyendo a otros medios, o vienen a sumarse a los ya conocidos?
AMH: Ambos. Para algunos, las redes sociales son un elemento más en el ecosistema de medios. La atención de la gente es limitada, así que, para otros, las redes sociales reemplazan parte del tiempo que le dedicaban a los medios de comunicación tradicionales. Por ejemplo, ciertas cuentas de Twitter en algunas ciudades de México, organizadas aparentemente por ciudadanos, tienen más seguidores que las cuentas de Twitter del gobierno local o de medios de comunicación tradicionales. Las redes sociales son ya parte importante del ecosistema informativo.
LC: En el México reciente, el tema de las redes sociales comenzó a resaltar más en relación con la violencia en el país, ¿se convierte, de tal manera, en parte del fenómeno de la inseguridad o aporta nuevos elementos al análisis?
AMH: Las redes sociales son parte de la vida de las personas que las utilizan, por ende, aportan elementos para el análisis de las percepciones, opiniones y lamentos de aquellos que viven en ciudades violentadas. Las redes sociales son un canal de flujo de información cruda y sin censura, al menos hasta el momento. Uno puede leer ahí lo que la gente en verdad piensa o lo que quieren que sus contactos sepan de su vida. Si bien las redes sociales pueden ser un factor detonante para algún movimiento social importante, no serán la solución ni la causa de la violencia, sino que serán una ventana a lo que sucede en el corazón y la mente de los mexicanos conectados.
LC: Imposible, en ese sentido, no señalar que se han convertido en un referente de cómo enfrentar los hechos violentos; pero ¿de qué forma están funcionando?
AMH: Las redes sociales están funcionando, entre otras cosas, como redes de alerta. Así como las aves generan sonidos para notificar peligros, el tuitear y retuitear mensajes sobre balaceras o las llamadas “situaciones de riesgo” son ejemplos del uso pragmático y hasta cierto punto altruista de las redes sociales. Asimismo, se han convertido en una plaza pública donde la gente comparte opiniones y lamentos sobre la violencia en el país. Un fenómeno muy interesante es cómo surgen cuentas ciudadanas que concentran los mensajes de otros ciudadanos. En algunas ciudades este tipo de cuentas tienen más seguidores que las cuentas oficiales del gobierno o los medios tradicionales.
LC: ¿Por qué? ¿Es un asunto de falta de confianza en las autoridades o también en el ejercicio de los periodistas?
AMH: Gran parte del problema en el flujo de información en México es la falta de confianza. Y no es para menos. Desafortunadamente, durante muchísimos años los ciudadanos no han recibido información consistente que sea percibida como verídica de parte de las autoridades. Los medios hasta hace poco empezaron a ganar la confianza de parte de la población, pero ahora se ven amenazados y son percibidos como autocensurados. Ante ello, en muchas zonas del país las redes sociales son la única fuerte de información continua y orgánica. Como todo fenómeno descentralizado, la exactitud y veracidad de la información en las redes sociales es susceptible de errores, pero la información oficial y la de los medios es percibida con mucho escepticismo, aunque ésta sea verídica. Es posible recuperar la confianza en las instituciones pero esto tomará mucho trabajo y consistencia durante un largo periodo de tiempo.
LC: Pareciera que esta confianza derivara de una suerte de identificación íntima entre los usuarios, de algo superior a una camaradería…
AMH: Sí, hay cierto sentido de identidad de grupo entre un sector importante de usuarios de las redes sociales. Ésto es un fenómeno muy común en las comunidades en línea, sobre todo aquellas que son pequeñas relativas a otras, como lo es Twitter en comparación a Facebook. Esto se puede observar cuando los usuarios de Twitter se refieren unos a otros como “tuiteros”. Es un grupo relativamente pequeño que se identifica como una comunidad en línea, pero es un grupo influyente, activo, y con mucha desconfianza de las instituciones y los medios tradicionales.
LC: Se podría decir que funcionan como herramientas para enfrentar la violencia, pero también están generando nuevos problemas, ya sea para sus usuarios o para quienes se sienten afectados. ¿No es así? En términos de funcionalidad me parece que implican también un riesgo, es decir, no faltan casos de difusión de información completamente falsa...
AMH: Las redes sociales tienen al menos dos roles: uno pragmático y uno socioemocional. El primero es como fuente de información sobre la violencia local, información útil para evitar áreas y eventos peligrosos; el segundo es como una especie de terapia grupal al lamentarse sobre la violencia e impunidad, que es parte de la vida diaria. Al mismo tiempo, como cualquier otro sistema descentralizado, estas redes son vulnerables a la difusión rápida y efectiva de rumores. Para esto es necesario desarrollar habilidades básicas de análisis de la información. Así como no es recomendable creer todo lo que sale en la televisión o el periódico, es saludable mantener una posición crítica con respecto a las redes sociales. Educadores e investigadores como Henry Jenkins han propuesto por varios años la enseñanza de alfabetización mediática que permita el desarrollo del consumo y producción de información de una manera analítica.
LC: Cito el caso de María de Jesús Bravo Pagola: ella estuvo encerrada en Veracruz por el tema de los “tuiteros terroristas”. Parece que nadie ha visto ese otro aspecto: ella es periodista y, sin verificar datos, replicó información que tomó como real.
AMH: Fue un caso muy desafortunado. Por un lado tienes a una persona con cierta credibilidad esparciendo rumores potencialmente falsos y por otro tienes a un gobierno haciendo uso excesivo de la ley. Ahora bien, ambos actores tienen algo rescatable: por un lado, hay reportes que mencionan que desde temprano por la mañana había rumores sobre sucesos inusuales en una escuela de la ciudad; ante tales sucesos, los rumores no eran del todo descabellados. Por lo cual la periodista, sin la capacidad de verificar cada mensaje que recibe, y actuando aparentemente en un afán de ayudar a los demás, repitió el mensaje. Si los rumores hubieran sido ciertos, es probable que el esparcir la información rápidamente pudiera ayudar a muchas personas; por otro lado, el diseminar información falsa puede tener consecuencias bastante nefastas. ¿Qué puede o debe hacer una persona con miles de seguidores en Twitter ante tal circunstancia? ¿Esperar hasta confirmar o reenviar sin confirmar? La respuesta no es totalmente clara.
LC: Frente al asesinato de la periodista María Elizabeth Macías y de otros tres blogueros, habría que replantear el uso de las redes sociales para denunciar la violencia y al crimen organizado. El mensaje dejado por los homicidas revelaría su acceso al flujo de información e incluso que podrían contar con herramientas y personal para identificar cuentas y usuarios de espacios como Twitter.
AMH: Es una situación muy delicada. En países como China, donde la transmisión de mensajes ilegales puede llevar a la gente a la cárcel, el uso de tecnologías para navegar anónimamente, como TOR, ha ayudado. Sin embargo las soluciones tecnológicas son sólo una parte, y la realidad es que la ingeniería social es aún más poderosa. Para eso no hay soluciones claras. La solución no es tecnológica sino institucional. La ciudadanía puede decidir su nivel de confianza en la tecnología existente y usarla de la mejor manera posible de acuerdo a sus objetivos.
LC: Las redes sociales virtuales se estaban volviendo una especie de último reducto ciudadano para enfrentar el hecho de vivir entre la violencia.
AMH: Y es posible que ésta las debilite, pero aún no lo sabemos a ciencia cierta. Es algo que me gustaría investigar cuantitativamente en el futuro.
LC: Es extraño pensar eso que se dice siempre de internet y ahora de las redes: hay espacio para todos, para todas las voces. Es tan democrático, que hasta los criminales pueden operar seguros desde ahí.
AMH: Desde la invención de la rueda y el descubrimiento del fuego, cualquier tecnología lo suficientemente útil será usada por todo tipo de gente, desde adolescentes fans de Justin Bieber hasta hackers y criminales. Es el costo del éxito.



