Suicidios de la Patrulla Fronteriza
El búho americano
George W. Grayson
La pistola Beretta del brigadier se accionó y Eddie de la Cruz, agente de la Patrulla Fronteriza (PF) de EU, se desplomó con un balazo en la cabeza. El funcionario, encargado de aplicar las leyes de EU, optó por quitarse la vida. Datos de Prensa Asociada (AP) indican que al menos 15 agentes de la PF se suicidaron desde febrero de 2008, el incremento más significativo al menos durante las dos últimas décadas.
Hasta el momento las explicaciones se reducen a conjeturas, en gran parte porque pocos agentes de la PF dejan notas de suicidio o buscan asesorarse para lograr una mayor comprensión del trabajo que desempeñan. Por ejemplo, De la Cruz estaba en su casa discutiendo la forma de celebrar el próximo cumpleaños de su esposa cuando sacó su arma, la colocó debajo de su barba y apretó el gatillo, según relató el periodista Paul J. Weber.
El trabajo policial alterna entre períodos de una actividad intensa y peligrosos lapsos de aburrimiento de larga duración. “La Patrulla Fronteriza es el trabajo más peligroso en relación a la aplicación de la Ley Federal de EU, más que en ninguna otra parte en el mundo”, según USBorderPatrol.com, sitio web dedicado a los agentes. Sin embargo, la recesión económica en EU y una mayor seguridad en la frontera redujo el número de persecuciones como de película donde agentes persiguen a extranjeros ilegales o intercambian disparos con los despiadados coyotes. “Un agente puede comenzar su turno y sentarse en una posición durante ocho horas, controlar el tráfico y hacer su trabajo de papeleo”, dijo Kenneth Middleton, un sicólogo que trabaja en programas de apoyo de la PF. “Ahora tienen mucho tiempo para pensar en otras cosas que suceden en sus vidas”, dijo al periodista. Estas “otras cosas” pueden incluir sus modestos salarios que empiezan en 37 mil dólares al año y la lentitud de los ascensos, además de los horarios irregulares que se aplican en días como el de Acción de Gracias o en la Navidad, el consumo de alcohol, la depresión y los problemas maritales.
Si bien los registros de la PF no están disponibles, en general los agentes de policía cuentan con tasas de divorcio altas, entre 60 y 75 por ciento. En Nueva York, el número de policías que se suicida es casi el doble de aquellos que mueren en el cumplimiento de su deber. Cuando se cuestiona a un policía: “Oye, ¿cuál ha sido la experiencia más terrorífica durante tu carrera policial?”. Responden: “¡Mi primer matrimonio!”. La moral es también un problema. En 2006 un juez federal sentenció a los agentes José Alonso Compeán, de 32 años, y a Ignacio Ramos, de 39, a largas condenas en prisión por disparar al trasero de un narcotraficante mexicano luego de que supuestamente éste les apuntara con un arma durante su huida a través de la frontera. Pocas horas antes de abandonar la Casa Blanca, el presidente Bush conmutó las sentencias de los dos hombres que fueron golpeados por inmigrantes ilegales en la cárcel. “Esto es algo que durante mucho tiempo esperábamos y rezábamos para que sucediera”, dijo TJ Bonner, presidente del sindicato de la PF. “Pero es una especie de victoria agridulce... Lo triste es que él esperó hasta el último minuto”.
Un funcionario anónimo dijo que a menudo los agentes temen defenderse porque responder a los disparos podría significarles una condena en prisión, tal y como le sucedió a Ramos y Compeán.
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Traducción: Jeanette Becerra Acosta



