De educación y laicismo
Ombudsman
Salvador del Río
Al salir de mis manos, el niño no
será ni magistrado, ni soldado ni
sacerdote; antes que nada será hombre.
Vivir es el oficio que quiero enseñarle
—Juan Jacobo Rousseau
¿En qué pueden creer los que no creen?, se preguntó el rector de la UNAM, José Narro Robles. Buena parte de los mexicanos tampoco creen en las cifras engañosas del gobierno sobre educación y desempleo; Narro cita datos irrebatibles: la Encuesta Nacional de Ocupación de Empleo consigna que 22 por ciento de los 35 millones de jóvenes de entre 12 y 29 años de edad ni estudia ni trabaja. Siete y medio millones, ni más ni menos.
Y agregó: “No se puede aceptar como parte de la normalidad —así lo dijo el secretario de Educación, Alonso Lujambio— que desde los 12 años las jóvenes mexicanas se dediquen a las labores del hogar o al cuidado de sus hijos, de enfermos o ancianos”.
¿En qué creen entonces, los que no creen? Creyente sí es el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, quien decidió salir del clóset (religioso) al declararse católico y temeroso de la autoridad eclesiástica. “Si quieren excomulgarme pediré que se aplique el Derecho Canónico para que me reciba el Papa en el Vaticano, a ver cómo nos va”. Pero aclara: “Sólo defendemos y buscamos fortalecer el estado laico, que no debemos permitir (sic) que quede subordinado a la Iglesia”. “En la izquierda mexicana hay muchas confusiones en cuanto al estado laico”, dijo Carlos Monsiváis entrevistado sobre su libro El laicismo y sus malquerientes.
Minucias gramaticales
Antes de la legalización de los matrimonios unisex, la diputada Enoé Uranga promovió la institución de la Sociedad de Convivencia; lo hizo “vía las siglas partidistas del PRD”, escribe Roberto Rueda Monreal en “Juárez y la diversidad sexual”. Si las siglas son de un partido, no pueden ser sino partidistas. Luego, la inquieta Enoé Uranga, refiere el artículo, regresó a la política “en búsqueda de una candidatura independiente”. Sólo que búsqueda, sustantivo, no es lo mismo que en busca de, expresión adverbial.
Si quedan en las redes sociales situaciones tan divertidas como la irrupción de la Reina Sofía en los vestidores de los jugadores de la selección española de futbol, resulta reiterativo, hasta pleonástico, decir que “sobreviven todavía”, como lo escribe Héctor Rivera en “Patadas sin fin”.
Divertidas también resultan descripciones como las de Carlos Puig, en “Después de la bomba”, cuando refiere que en una calle de Bogotá los perros olfatean “los autos que quieren estacionarse en el sótano”. Difícilmente los autos quieren estacionarse, pero sí quienes los conducen. Y luego, la ausencia de concordancia verbal y de género: “el reporteo, la investigación está enfocada sobre el gobierno”, en vez de están enfocados, en plural y en masculino como lo obliga el sujeto múltiple.
“…vi en un restaurante como un personaje lamentable… ordenó un single malt y se lo jaiboleó”, escribe Adrián Herrera en “Lo bueno y lo malo”. Pero omite el acento en el adverbio interrogativo cómo, homónimo del adverbio relativo.



