Menos súper y más héroes, cómics del Bicentenario
“El cómic no busca la discusión sobre si celebrar o no este hecho, simplemente se trata de aprovechar el interés de las editoriales en el tema”, dicen los editores de Sensacional de héroes, cómic editado por Norma.
Se acerca la fecha fatal. Cada uno, desde su agenda personal, celebrará o sacará provecho del Centenario de la Revolución y el Bicentenario de la Independencia. Hay quien construirá arcos de dos millones de pesos o quien simplemente editará un libro. Sensacional de héroes (Norma, 2010) se suma a las novedades de la temporada con un producto cultural especial: una antología de cómics.
Con textos del escritor Francisco Haghenbeck —autor de novelas y guionista de cómics— y con la coordinación gráfica de Luis Gantús —editor, historiador del cómic e impulsor de convenciones y recopilaciones de cómic mexicano—, Sensacional de héroes se perfila como uno de los libros más singulares de estos tiempos celebratorios. Con un equipo de dibujantes que representa una muestra pequeña pero significativa de lo que se está haciendo en el medio comiquero nacional, la gran sorpresa de esta antología es el apego a los hechos por encima del apasionamiento.
El primer pero de quien esto escribe va para la portada: una vez más, como se ha hecho en repetidas ocasiones, aparecen los héroes patrios con el físico imposible del cómic Mainstream. Pero los argumentos de los recopiladores dan en el clavo: así hemos imaginado a esos seres prácticamente míticos. “Siempre será así: a Hidalgo lo hicieron viejo para parecer respetable a los ojos de la gente; El Pípila es un gigante de ébano de fuerte físico que se encumbra en las laderas de Guanajuato como El Coloso de Rodas nativo: nadie quiere ver a un héroe flaco y esmirriado; la Corregidora era una santa mujer que lo único que hizo fue andar de correveidile. No importa que nada de esto sea cierto, así lo ha transmitido la historia oficial: la gente quiere personajes heroicos. Por eso la portada fue realizada por Gerardo Sandoval, un talentoso artista cuyo trabajo en Estados Unidos ha tenido éxito por su peculiar estilo, mezcla de un realismo-cartoon que agrada a los adolescentes sin perder fuerza para ojos más estrictos”, defiende Gantús.
Haghenbeck comenta: “Creo que el género de superhéroes posee una connotación muy estadunidense que en cierto grado choca con la mentalidad mexicana, pero en el fondo seguimos añorando a los héroes, quizás menos súper y más héroes; El Santo es un buen ejemplo”. Gantús coincide en esto. También en su opinión hay que eliminar el prefijo “súper” para que los personajes se afiancen en la imaginería popular: “Si le das superpoderes a los héroes (éstos) minimizan sus logros (si puede volar qué chiste, tiene superfuerza, así cualquiera...). Si revisas el contenido de este libro verás a los personajes de la historia dibujados como eran; no hay exageraciones, hay documentación”. En cuanto a la portada: “Tiene ese estilo por mera publicidad, aunque se cuidó mucho no caer en exageraciones; era necesario una imagen poderosa que acercara a la gente al contenido”.
LOS ARTISTAS
Hojeando las páginas del cómic se corrobora que no hay artificios. Gantús explica las razones por las que se eligió a estos particulares artistas gráficos: Augusto Mora es quien ilustra a Emiliano Zapata pues su estilo “tiene un toque autóctono muy peculiar, ideal para plasmar a un héroe del campo y de los ideales del agrarismo”. Bachan da vida a La Güera Rodríguez porque “se intentaba representar a una mujer de costumbres poco ortodoxas para la época y Bachan es un maestro en el trazo suelto y con vida propia”. En el caso de Rodolfo Fierro, Hermenegildo Galeana y Francisco Javier Mina se eligió a Sergio Tapia, un artista acostumbrado a documentarse de manera rigurosa: “(La historia) se desarrolla en diferentes escenarios y era muy importante la documentación gráfica, en la cual es un experto, además de contar con su trazo firme que ayuda a transmitirle mucha fuerza a estos héroes.
Héctor Germán Santarriaga realizó a Felipe Carrillo Puerto; muy combativo en su línea, recuerda ciertas pintas o ilustraciones revolucionarias, y qué mejor que él para dibujar al defensor de los derechos indígenas. Santarriaga, por su parte, comenta sobre esa línea suya que remite a la gráfica combativa: “El camino para llegar a un verdadero cambio va mucho más allá de sólo imágenes de protesta o mensajes combativos, el cambio solamente se puede producir a través de la sociedad civil por medio de la educación, la cultura y la difusión de ideas en todos los ámbitos”.
B: Héctor, ¿qué opinas de Carrillo Puerto ahora que ahondaste en su figura y lo representaste de manera gráfica?
HGS: Yo conocí un poco de él por ahí de 95 o 96, cuando durante la preparatoria me fue asignado investigarlo para hacer una muy breve reseña de tres o cuatro cuartillas. Fue muy curioso porque por esa época yo estaba un poco más desencantado de lo que estoy hoy de los denominados “héroes” revolucionarios, pensando en Zapata como el único luchador social auténtico (en esa época el zapatismo estaba a todo lo que daba tras el levantamiento del EZLN en 1994). Quien no lo conozca podrá conocer a través del Sensacional de héroes aspectos muy generales sobre su vida, aunque para abordar al personaje y entenderlo a profundidad hace falta mucho más que cuatro páginas de cómic.
LG: Juanele ilustra a El Pípila: (su) dibujo y humor desenfadado le permiten (dar) vida a uno de los enigmas de la Independencia: ¿realmente existió?, ¿qué fue lo que hizo? (Juanele) logró una de las piezas más divertidas del libro.
B: ¿Qué conclusiones sacaste adaptando al cómic al personaje?
J: Es difícil sacar conclusiones acerca de un personaje tan difuso. Como se menciona en la historia del libro, la vida de El Pípila tiene mucho de leyenda y poco de concreción. La historia siempre se va matizando, dependiendo de quién la cuenta, y si esto se cumple en general es mucho más cierto cuando se habla de historias de batallas, donde la confusión y el ánimo del momento lleva muchas veces a escribir en la crónica una versión muy inflamada de lo que realmente sucedió. En fin, si alguna conclusión me queda, es que tengo que investigar más sobre El Pípila. Una cosa que he aprendido es que el humor siempre es muy útil cuando se quiere transmitir una idea, y sin duda es mejor esta presentación de la historia que una simple sucesión de fechas sin contexto.
LG: Rocío Pérez Momo dibuja a Carmen Serdán. Se tomó la decisión de que Carmen fuera dibujada por una mujer, el espíritu y bravura de ella debía ser entendido por alguien similar. Opciones tuvimos muchas, se optó por Momo por su trazo firme y excelente manejo de los contrastes.
B: Momo, ¿sabías algo de Serdán antes de esta colección? ¿Qué descubriste?
M: Sinceramente, nada. No sabía nada de ella ni su historia hasta antes de realizar este cómic, pero después de la investigación descubrí que Carmen Serdán fue una persona muy valiente que siempre respetó sus ideales y con un gran coraje y fuerza de voluntad.
LA CELEBRACIÓN
Al detenerse no ya en el cómic sino en el hecho mismo, o sea, en el Centenario-Bicentenario, Gantús suma un argumento más a favor del libro: “Todo mundo se está desgarrando por aparecer en esta celebración con sus expresiones artísticas, pero muy pocos se preocupan de transmitir de forma clara y sin apasionamientos lo que fueron estos movimientos sociales en México. El cómic no busca la discusión sobre si celebrar o no este hecho, simplemente se trata de aprovechar el interés de las editoriales en el tema. Es un intento por mostrar a estos héroes bajo la visión de diferentes artistas. Mi postura es muy clara al respecto de esta celebración: no sé qué celebramos, la Independencia la consumó un realista y la Revolución los generales que fueron educados por Díaz. Sin embargo, existen personajes que fueron causa y efecto de una gran cantidad de sucesos alrededor de dichos movimientos armados, gente que se ha ignorado en la continua reescritura de nuestra historia y que surgen del pueblo al que originalmente se tenía que beneficiar. Creo que hay una historia de México que nadie quiere contar”.
Para Haghenbeck sí se trata de celebrar, de una manera nueva, a los acontecimientos y los personajes que han sido relegados al olvido: “Es una celebración poder incluir nuevos santos de nuestro santoral histórico oficial donde pareciera que no había mujeres durante esos dos conflictos; hasta ahora las han querido borrar de la historia mexicana. Rescatamos aquí a Juana Belén Gutiérrez y Dolores Jiménez. Esta es una celebración para recuperar la historia, pues nos ha sido arrebatada por el discurso oficial político”.
A propósito, el autor hizo a un lado a las figuras de siempre, aunque estén incluidos algunos de los inevitables. “¿Realmente México necesita una nueva obra de Villa? ¿Realmente necesitamos otra vez revalorar a Madero? Sólo ocupo dos sospechosos comunes del santoral histórico: Zapata y Morelos. Es casualidad que sean los personajes de las novelas de Pedro Ángel Palou, quien hace un hermoso prólogo al libro y se lo agradezco. Fueron un pretexto para poder contextualizar las situaciones políticas del país: no se podía hablar de Matamoros sin entender lo que sucedía en España y la lucha armada; no se podía hablar de Felipe Ángeles sin entender el levantamiento de Madero y la situación del Porfirismo”.
El criterio a la hora de elegir a los personajes fue completamente arbitrario: que a Paco —como le llaman colegas y amigos— le interesaran. “Garibaldi para mí es un gran personaje, nadie sabe que la plaza es en su honor y no en el de su abuelo; a Matamoros le tengo cariño por ser fumador de puro, como yo; a Galeana, por ser un anciano cuando se mete a la lucha; a Carrillo Puerto por ser uno de los fundadores del partido socialista y la máxima presencia revolucionaria en el sur. Pareciere que hoy, en la versión oficial, la revolución sólo se hizo en el norte”.
Si hay algo en lo que existen coincidencias es en la posibilidad de, por fin, tomar la historia en manos propias, contarla sin ningún filtro oficial y hacerlo en el medio que mejor conocen los participantes: el cómic. Acostumbrados a leerla a través de libros de texto o en voz de “historiadores con pomposos programas de televisión”, como los llama Haghenbeck, el cómic resulta una plataforma ideal. Para los puristas que pudieran ver esto como la intromisión de un medio superficial que desconocen, Gantús tiene algo que decirles: “La historia es propiedad de todos. El contarla, conocerla y difundirla no puede ser propiedad de nadie ni de nada; entre más opciones tenga la gente para acercarse a la lectura y a la historia, más ideas y pensamientos se generaran en ellos. Es estúpido tratar de encerrar el conocimiento en jaulas y, peor aún, tratar de limitarlo”.

El polifacético Pípila por Juan Manuel Ramírez de Arellano, Juanele.

Carmen Serdán Alatriste por Rocío del Consuelo Pérez García, Momo

Francisco Javier Mina por Sergio Tapia

Dolores Jiménez y Muro

La Güera Rodriguez por Sebastián Carrillo, Bachan

Leona Vicario por Jorge Mercado



